Cuentos Chinos II - La mariposa carmesí
De
las innumerables desgracias con que la mala fortuna puede afligirnos,
la mía es especialmente dolorosa. Hasta el momento en que comenzó
a manifestarse mi vida no tuvo grandes sobresaltos.
Escribiente en Palacio, compartía oficio y rango
con un centenar de colegas. A muchos de ellos no les atraían las
mujeres, muchos de ellos eran eunucos.
Luego mi desdicha me llevó a pensar que, la condición de
esos colegas era más una ventaja que defecto. Yo, quizá
para compensar esa desarmonía, me convertí en lo opuesto.
Accedí a muchas mujeres, de toda edad y condición,
pero mis favoritas fueron, y son, algunas de las favoritas
del Emperador también.
Entre todas ellas Flor de Ciruelo, la más sabiamente
perfumada, a punto tal que era posible, después
de horas, percibir su presencia, digamos mejor su ausencia, en alguna
de las innumerables estancias de Palacio en la que hubiera estado. Su
aroma predisponía a los hombres,
también a algunas de las mujeres de Palacio a
seguir su estela e intentar poseerla. Yo lo conseguí
la primera vez y debo decir que hasta hoy, ella me consuela. Aunque solo
utilizo la lengua no es poco el placer que Flor de Ciruelo
recibe de mí. Mi oficio de escribiente conlleva también
el de lector, ya que para escribir bien es necesario leer bien. Una tarde
trabajaba ordenando textos en la biblioteca cuando encontré un
viejo manuscrito, su autor el poeta Li-Po, su título “La
mariposa carmesí aletea mil veces”. Quizás por su
condición de poeta, pero más probablemente por su inmoderada
afición al alcohol, o ambas cosas, como el mismo relata se volvió
impotente.

Dispuesto a no renunciar al trato, de preferencia con mujeres,
se hizo un experto en el uso de la lengua; no precisamente como
poeta. Sus conocimientos al respecto pronto se divulgaron,
y un poco harto de la obligación de responder, sobretodo cuando
los preguntones eran personajes importantes, decidió escribir el
texto que yo encontré años después de su muerte y
cuando hasta sus poemas comenzaban a ser olvidados. Su
texto, en el que incluyó refinados dibujos,
que hacen aún más claras sus recomendaciones y enseñanzas
se convirtió en mi texto de cabecera. Lo digo literalmente.
Y he descubierto en cada encuentro con Flor de Ciruelo, que si le leo
alguna de las recomendaciones de Li Po, ella se humedece
antes incluso que termine la lectura. Y sí mi enfermedad trajo
por un lado primero desesperación y pena, luego Li Po con sus enseñanzas,
pero sobretodo Flor de Ciruelo que no deja pasar una jornada sin pedir
que le meta la lengua me consuelan. El más viejo de mis
colegas, un eunuco, asegura que hay otro texto extraviado de
Li Po se llama “La mariposa carmesí hace florecer mil flores”.
Me propongo revisar todos los textos de la biblioteca de Palacio hasta
encontrarlo.
Traducido del mandarín por Prilidyano
Buster.
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