|
Untitled Document
El Amante despechado
Autor: Carmen Montalba.
Tras la maleza, el latido de un desbocado corazón casi podía escucharse, el de nuestro protagonista, cuyas piernas comenzaron a temblar. El paladar comenzó a segregar tanta saliva, que amenazaba con ahogarlo. Como sonámbulo, se levantó de donde estaba y se dirigió a ella. Al verlo aparecer se apresuró a taparse, bajando la mirada avergonzada. Mientras él, no sabemos si movido por la ternura o el deseo, se acercó para acariciarle la mejilla. Agradecida por tal gesto, ella le sonrió, y al pronto se incorporó hasta quedar de rodillas, su cabecita a la altura de la cintura del caballero.
Volvió a sonreír, ahora picarona, se humedeció los labios y sin pensarlo dos veces le desabrochó el cinturón y los botones del pantalón, liberando por fin una verga tan poderosa y enhiesta, que su respiración se detuvo por segundos. Lamió lentamente, de arriba hacia abajo, en circulo, mordisqueó, succionó una y otra vez a conciencia, mientras él se dejaba llevar trastornado por el placer que ascendía y se extendía, mirando a la moza atareada, descuidada la ropa de nuevo, dejando al descubierto sus pechos, que se balanceaban con cada movimiento…
No pudo contenerse más. Condujo a al muchacha hacia un lugar más escondido y la apoyo contra un árbol de espaldas a él. Ella adoptó la postura esperada rápidamente. Le levantó la falda, creyó morir de gusto cuando sintió las nalgas lozanas y perfectas pegarse a su vientre, mientras su órgano se abría paso y entraba de un empellón en ella, que no paraba de gemir. Comenzaron a moverse, acelerando el ritmo como un tren en marcha.
Entonces le vino el recuerdo antes doloroso de la escena del Ferrari, en la que V. Gemía, y su placer aumentó y vino a derramarse en aquel cuerpo desconocido pero hermoso, y tan generoso... que después de esos días sin poder hacerlo, le hizo por fin sonreír.
Página Anterior
Páginas: 1 - 2
Volver al Inicio de Relatos |