Autor: Claudia
Mackeorn.
Diariamente
Lesbia tenía por costumbre al levantarse lavarse el rostro con agua helada
y desnudarse frente al espejo. Observaba con holgura sus piernas largas y bien
formadas, su vientre chato, sus nalgas firmes y acariciaba suavemente con sus
manos sus pechos redondos no tocados por la maternidad ni el peso del tiempo.
Cuando confirmaba que todo estaba allí como la noche anterior se vestía
mirando de reojo en el espejo sus propios movimientos, sus gestos, miradas improvisadas,
sonrisas casuales. Su cabellera ondulada se dejaba caer en bucles naturales
sobre su espalda limpia que se movía con gracia y sutileza haciéndolos
rebotar al compás de sus senos. Finalmente se dirigía a la cocina
y bebía un vaso de agua mineral en ayunas –la sal de la vida, le
llamaba- y un jugo de naranjas con tostadas y queso blanco. Su vida era así
de ordenada y metódica. Vivía sola en compañía de
sus libros, sus cuadros, sus esculturas a las que daba forma, también
diariamente, en el taller.
Esa mañana se vistió, luego de rociar su piel con su perfume
de jazmines favorito, y salió para el estudio donde la esperaban para
dar comienzo a una clase de dibujo. Nada en su vida estaba empañado por
el apresuramiento. Terminó su desayuno, se colocó las largas botas
que enfundaron sus piernas hasta las rodillas, tomó su bolso y colocó
las llaves en la cerradura ¿Llevaría el impermeable? Se asomó
por la ventana del comedor; decidió que si esas nubes negras se decidían
de una vez a descargarse se mojaría. Le encantaba la lluvia en primavera.
Apenas caminadas dos cuadras, firmes gotas comenzaron a desvestir la tormenta.
No apresuró sus pasos; respiró profundo y guardó en su
bolso la sección de espectáculos del diario para leerla a mitad
de la mañana en su descanso.
La lluvia arreció sobre ella y le concedió la gracia de verse
completamente empapada. Cuando llegó al estudio en la calle Leiva de
sus botas escurría agua. Simplemente entró y comenzó a
quitarse ritualmente una a una las prendas con las que se había vestido.
No las necesitaba. Hacía calor en el estudio a pesar de la hora temprana.
Observó desde la puerta quiénes se acomodaban en los tableros
mientras tomaba una bata y se preparaba para posar. Le pidió a Patricia
que colocara su ropa en un lugar aireado para que secara y notó que había
entre los estudiantes un rostro nuevo.
-¿Quién es?
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