Una niña de doce años presente. Por lo tanto contamos cuentos
absolutamente inocuos. El más siniestro, el del ganso que se tiro un
pedito en el colegio. De pronto la niña tiene una idea y nos dice: "Yo
conozco un cuento verdaderamente bueno. A ver, ¿quién de ustedes
puede decirme como se hace para meter dos agujeros en un agujero?". Y sonrie,
diabólicamente. Inquietud general. Tomo la responsabilidad y, adoptando
un tono grave, digo a la niña, mirándola a los ojos impositivamente:
"No sabemos. ¿Cómo se hace?". "Sencillísimo
-dice la niña- metes la nariz en un vaso". Alivio general. "¿Y
cómo se hace para meter ocho agujeros en un agujero?". Desarmados
por su ya comprobada inocencia, preguntamos, colaboradores: "No sabemos,
querida, ¿Cómo es que se hace?". "Muy sencillo-dice
la niña-cojan una flauta y se la meten
en el c ulo." Sonido de copas rotas.
Roque Dalton.
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