Cuando una hora después, Juan Bautista Utrera llegó del cine con su hermana, encontró con alegría a su compañero Tiziano Argüello vestido correctamente como era habitual en él, tomando una taza de café en la sala de su casa y conversando con su madre, con la extremada timidez que siempre le había conocido.
Hablaba entre otras cosas, de las tareas del colegio, de los problemas de la gripa y de que todavía no se había interesado en conseguir novia ni nada que se le pareciera.
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José Luis Díaz Granados.