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La noche de los eunucos. Tercera parte
La primera jurado en llegar Magdalena Suárez, conocida en los ambientes sáficos como Reinaldo, supo en su juventud ser actriz, mediocre sin dudarlo. Luego descubrió el tango y comenzó a cantarlos, a medida que se desinteresaba de los hombres adquirió modales y acento de compadre, mas tarde ya en su ascenso irresistible como tribade le dió por corregir las letras de uno de los mas grandes poetas del tango y las milongas, a Homero Manzi para mayor precisión. Por arte de birlibirloque se recicló como la musa de los argentinos exilados, muchos de ellos con motivo, en Europa. Mas tarde y con el primer gobierno legítimo, después de la larga noche brilló, es un decir, como periodista y conductora de programas de televisión. Ya era parte de la troika, que con las otras dos señoras también jurados de La Noche de los Eunucos, ajaba jovencitas y no tanto. Vestida con un caftan, sin maquillaje, el pelo corto completamente blanco y escarpines charolados entraba en el club, presta al besamanos de algunos socios de este. Inmediatamente después casi pisándole los talones llegó Liliana, la mas culta de las tres, aún adolescente
cantaba a dúo antiguas canciones del altiplano, penosamente recopiladas en el lugar. Luego, en su etapa de juglar supo ser conocida por sus canciones ligeramente críticas, para adultos e indudadablente bellas para niños. Supo frecuentar, hasta su madurez, piscinas de natación donde observaba y seguramente seducía bellas púberes y no tanto.
hasta su madurez
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