Cuentos Chinos III - Miradas Reales
Me
llamo Cielo de Primavera y junto a Flor de Ciruelo
solemos ser requeridas por el Emperador, ambas. El es un hombre particularmente
inteligente y refinado, cosa que no
suele ser común entre Emperadores, hombres de la corte o del pueblo.
Una vez al mes, raramente mas, ordena que seamos llevadas a su presencia,
esto sucede siempre por las noches, en las primeras horas.
Para entonces han terminado de bañarlo, por segunda o tercera vez
en el día, depende si es verano o invierno; y se encuentra ya preparado
para gozarnos.
Flor de Ciruelo y yo llegamos a sus aposentos siempre
un poco excitadas de antemano, ella sabe perfumarse
con especial talento y me enardece olerla, mientras apuramos
a los servidores que nos trasladan en sillas de mano por los corredores.
Sabemos que clase de juegos son los preferidos del Emperador.
Todo comienza mas o menos de la misma manera, nos hace preguntas sobre
otras concubinas de Palacio, se divierte mucho con los
chismes y habladurias de las mujeres,
o con la imitación de sus voces, las hay provenientes de todos
los puntos cardinales, y de los diferentes acentos, y también de
sus chillidos que es una mis especialidades. El aparenta
ignorar, lo hace siempre como por primera vez, que nosotras dos no necesitamos
de los hombres para sentir un placer tan intenso o mas, que el que nuestro
señor nos proporciona. Con una ventaja, podemos llegar al climax
si nos lo proponemos, mas veces que ellos. A veces soy yo quien ayuda
a mi amiga a ser penetrada, el Emperador se sienta en
el lecho y ella de espaldas a él toma su miembro
para acompañarlo o se acaricia, mientras tanto.
Otras veces le acerco una copa de zumo de frutas.
Ninguno de los tres bebe alcohol, y nuestro señor es capaz de demorar
en vaciar la copa que le ofrezco tanto como demora en vaciarse, por primera
vez, dentro de nosotras. Entonces me impaciento un poco,
no veo el momento de reemplazar a Flor de Ciruelo y que me abrace,
como antes los he abrazado, o comenzar a lamerla. El Emperador,
saciado de ambas, se recuesta y encuentra gran placer,
luego, en contemplar nuestras caricias y besos. Sospechamos
que es esto último el principal motivo por el que nos requiere.
Somos muchas las concubinas de Palacio, pero muy pocas las dueñas
de un saber tan exquisito para el amor entre iguales
como Flor de Ciruelo y yo.
Se me ocurre pensar que no va a pasar mucho tiempo mas para que, nuevamente
llamadas a presencia de nuestro Emperador, nos encontremos con alguno
de los dibujantes o pintores de Palacio con todos sus utensilios, listo
para hacer un retrato de nosotros. Imagino que esa ocasión
en que con alguien mas, que nos observe y sea al mismo tiempo por nosotros
observado, será especialmente excitante.
Traducido del mandarín por Prilidyano
Buster. |