La
caceria del zorro demanda algunas habilidades ecuestres, lo dijo Pero
Grullo.
Desconozco si alguna vez en la Argentina se persiguieron zorros verdaderos,
sé en cambio que en la estancia de Uriburu en Villa Elisa se practicaba
la cacería ya a principios del siglo veinte. Pero no quiero alejarme
del tema principal, que es esa cacería en particular, la que se hizo
en Tandil.
Los invitados habiamos pasado la noche en el casco de la estancia de P. Aunque
quedé dormido de inmediato, y no escuché ni ví nada, al
no ser la primera vez que pasaba un fin de semana en algún campo de familiares
o amigos, puedo pensar que hubo algún encuentro furtivo.
A Maria Marta la conozco desde que éramos chicos, estamos
vagamente emparentados y no somos de vernos seguido, cuando mas una o dos veces
al año. Ella viaja a Europa todos los años, principalmente a Londres
para la temporada de teatro, en cuanto a mí mis ocupaciones en el sur
me alejan de Buenos Aires muy seguido. Pero debo decir que ninguna otra chica
iguala a Maria Marta a la hora del viejo un, dos.
Decir que es imaginativa es poco, es puro talento a la hora de improvisar,
hace dos años la penetré "inter femora"
en la pelousse de Palermo mientras las personas cercanas, muchas de ellas conocidas,
festejaban el triunfo del ganador del Carlos Pellegrini.
Pareciera que la cercanía o la vista de los caballos la excitan,
¡vaya uno a saber! Lo concreto es que esa mañana en Tandil, después
del desayuno y la tradicional copa de champaña que bebimos
ya montados, se inició la cacería. No faltó
el "parvenu" mal vestido, nunca faltan, de galera. Pero la fiesta,
de eso se trata, vale la pena.
Rápidamente los jinetes nos fuimos distanciando unos de otros en pos
del "zorro", que esta vez no era otro que José
María, gran jinete y mejor "yachtman". Descubrí delante
mío a Maria Marta que galopaba con las piernas abiertas "a
lo gaucho". Lo hace por diversión, y solo para que la critiquen,
se divierte con eso ya que lleva ganadas varias copas en torneos de salto en
el Hípico y allí no hay gaucho que valga. Me puse detrás
de ella, cuando me vió fue aminorando el galope hasta que la
alcancé.Se me acaba de ocurrir -dijo. Luego desmontó
y se acercó preguntándome ¿Te animás a llevarme?.
Acostumbrado como estoy a sus ocurrencias dije que sí. Atamos su yegua
a un arbolito y montó conmigo. Eso sí, antes
de hacerlo, y como no había nadie a la vista se desprendió
los breeches. El resto pueden imaginarlo, me contagió
su excitación y por un buen rato seguimos andando, María
Marta en posición de salto y yo .... al trote sentado.
Prilydiano Buster.
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